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La modestia es la virtud de los que no tienen otra.
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domingo, 8 de enero de 2017

Año Nuevo

Cuando yo era pequeñita, estaba clarísimo que en el año 2000 nos íbamos todos a criar malvas y ya ves tú. Aquí estamos, recién empezado el 2017 y a un tiro de piedra del 2019 en que transcurre la acción de Blade Runner. Eso quiere decir que, con un poquito de suerte, dentro de 2 añitos puedo tener por fin un affaire con Roy Batty si es que no se le ha oxidado antes alguna tuerca. 
Me temo que ya se me ha ido el santo al cielo. En fin ¿por dónde iba?
Sí. Estaba diciendo que así, como quien no quiere la cosa, nos encontramos otro año más en plena resaca de las Navidades.
El que más y el que menos ha despedido el año haciendo el chorras con la ropa interior de color rojo, con el anillo de oro en la copa de cava, con el cuñado o la prima haciendo el ridículo con la boca llena de uvas mientras algún otro pariente está todavía pensando si eso que ha sonado eran los cuartos o las campanadas.
Nos hemos gastado, también, lo que no tenemos en una cena que ha costado más o menos lo que el Producto Interior Bruto de un país pequeñito, sólo para epatar a la suegra y a ese primo de Huesca que se pone vacilón cada año con lo de la langosta.
Alguno habrá habido que, no siendo consciente de su capacidad de almacenamiento, haya pillado una cogorza del demonio y haya dado con sus huesos en una cuneta o terminado con los sueños de algún otro en cualquier cruce.
Hemos pasado otros Reyes en los que, de nuevo, nos hemos jurado no comercializar la fiesta, rememorar la magia de nuestra infancia y esas ideas tan bonitas y románticas que terminan en cuanto te acercas al primer centro comercial.
Estamos también, cómo no, empezando a obedecer esa lista de buenos propósitos que, admitámoslo, antes del día 15 habremos dejado para el año que viene y que va encabezada invariablemente por aquello de: dejar de fumar, hacer ejercicio y ponerse a dieta.
Pero por favor, que el que más y el que menos llevamos un cuarto de siglo con la misma tontería. ¿Por qué no empezar una lista nueva y que de verdad sea posible (y nos apetezca) cumplir?
No sé, cada uno que se lo curre e improvise...
Venga, hombre. Seamos francos y por una vez vivamos un año auténtico, coherente y consecuente. Eso sí es un propósito que vale la pena.
Si no lo hacemos así, pobre año pasado, pobre año que viene, pobres de nosotros que lo sufriremos y pobres de los que nos rodean que tienen que sufrirnos a nosotros.
Hale, que nos sea leve.

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