martes, julio 26
La O con un canuto
martes, mayo 3
Qué años más malos llevamos - 7 (Diario de un cabreo constante)
Lección para hoy, 13 de noviembre de 2020 (reedición por motivos obvios):
Qué años más malos llevamos - 5 (Diario de un cabreo constante)
"Yo no soy racista, pero..."
Qué años más malos llevamos -4 (Diario de un cabreo constante)
A veces conoces a alguien y lo sabes a primera vista. No hay dudas.
jueves, marzo 31
Qué años más malos llevamos -2 (Diario de un cabreo constante)
Era el 13 de abril de 2020 y sí, seguía confinada y alucinando...
Qué años más malos llevamos -1 (Diario de un cabreo constante)
Era el 6 de abril del 2020, me tiré 14 días confinada por Covid en mi habitación. Solita. Llevaba ya tres semanas (y una vida) cabreada.
sábado, mayo 15
Ahora mismo
"El orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se puede confiar en la frase 'Esto aquí no puede pasar'. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar"
Margaret Atwood - Introducción a "El cuento de la criada"
miércoles, agosto 5
sábado, agosto 18
Duelo al sol
– ¿Cómo te encuentras, niña?
– Bues do esdoy buy segura. Sigo
gon fiebre, no buedo respidad y me duelen la gadganta y la gabeza un montón.
– ¿Quieres que te traiga otro
café con leche?
– Sí, pod favod, un gafé
galentito y un pad de Gelogatiles. Y otro baguete de gleenex, bracias.
…
Anda, tómatelo e intenta dormir un poco más, es lo que te sentará mejor.
– Sí, bracias. Goer , qué gribazo
bás inobortuno.
———-Entra
música de Ennio Morricone———–
El pueblo vacío. En la calle principal sólos él y yo a
una distancia prudencial, observándonos, midiéndonos, poniéndonos a prueba…
Agazapadas tras las ventanas de una casa, mis débiles
defensas. Más abajo, su banda de virus oportunistas nos miran desde la puerta
del Saloon. No se atreven a salir ni unos ni otros, están asustados, esperan el
momento en que uno de los dos flaqueemos para hacerse fuertes.
– Te lo advertí, forastero. Te dije que nos veríamos
las caras tú y yo a solas. Lo has intentado, me has atacado de todas las formas
posibles, pero no podrás conmigo.
Las dos cajas de Gelocatil brillaban bien sujetas en
las cartucheras mientras avanzaba hacia él. El reflejo de mi vaso de leche cegó
sus ojos por un momento y pude verlo como realmente era: débil, mezquino y
sí…asustado.
– No, no te voy a matar, no soy como tú, no me ensaño
con los caídos ni ataco con antibióticos por la espalda. Vete, coge a tu
pandilla y déjame en paz. Mañana a estas horas estaré dando clase y ni tú
ni nadie podrá impedirlo. Pareció dudar y envalentonarse por un
momento.
Sin apartar mis ojos de los suyos, desenfundé las dos
cajas de Gelocatil en un rápido movimiento, no tuvo tiempo ni de pestañear. Le
encañonaba y sabía que le tenía a mi merced.
– Es tu última oportunidad: Vete, vete…¡Vete!
———————————————-
– Mami, mami ¿qué te pasa?
– Ein?
– Estabas dormida, gritabas en
sueños…decías: "vete, vete" ¿Es que te encuentras peor, mami?
– Bues, bues…no, guriosabente me
enguentro mucho mejor. ¿He dorbido bucho?
– Uff, mami, casi tres horas. La
verdad es que sí tienes mejor cara y… ¿a ver? Sí, parece que ya no tienes
fiebre.
———-Entra de
nuevo Ennio Morricone———–
El pueblo seguía tan solitario como unas horas antes,
arbustos secos rodaban por la avenida principal empujados por el viento cálido.
Ya nadie contemplaba el duelo desde sus casas, ya no ocurría nada interesante
en las calles.
Enfundé de nuevo mis cajas de Gelocatil tras grabarles
dos muescas más, me calé el sombrero hasta los ojos y me dirigí al Saloon en
busca de mi zumo de naranja. Me dije que me merecía un homenaje con
vitamina C.
The End
domingo, octubre 23
Buitres
- Caso 1- Vivo frente a una plaza en el centro de la ciudad, eso implica que hay bofetadas por un aparcamiento; pues miren ustedes: tengo una vecina que según enfilo la calle principal y veo a lo lejos una plaza libre, aparece ella no sé de dónde y aparca. Da igual las veces que saque el coche, siempre está ahí. Huele los huecos vacíos. Yo la imagino en la barandilla del balcón, fuertemente sujeta con las garras mientras mantiene el coche en doble fila y observando atenta la calle y las evoluciones de los demás vehículos. Cuando alguno hace amago de salir del aparcamiento, alza el vuelo y en círculos desciende hasta su coche. Para cuando el otro empieza a moverse, ella está ya en paralelo y con el intermitente puesto mientras yo, de lejos, me desespero sin dejar de sorprenderme una vez más.
- Caso 2- Los vehículos de las funerarias. Suena macabro, pero es así. En esta zona los accidentes de tráfico son, por desgracia, terriblemente habituales y no resulta extraño toparse con alguno de vez en cuando; normalmente al pasar junto al lugar de los hechos me suelo encontrar con la ambulancia o el coche de los Mossos d'Esquadra, incluso algún helicóptero en casos graves. En otras ocasiones, ni siquiera eso, ha ocurrido hace muy poco y es el vehículo de emergencias médicas el que me adelanta a velocidad de vértigo dirigiéndose al accidente. Hasta ahí todo normal, pero, ¿por qué a veces tras la ambulancia aparece, no se sabe de dónde, el lúgubre furgón de alguna empresa de pompas fúnebres? ¿Cómo consiguen llegar a donde ha habido fallecidos antes incluso de que un equipo médico sepa que los hay? No, no exagero. Ya sé que parece que bromeo sobre un asunto serio, pero es que me resulta, cuando menos asombroso el hecho, aparte de ser de pésimo gusto. Se supone que deberían llegar al final, cuando ya no hay dudas, cuando un vehículo de atestados se ha hecho cargo del asunto. Pero no, llegan al principio y da la sensación de que esperan una presa. Resulta espeluznante.
- Caso 3- En este caso sí que no tengo ninguna duda de que, o bien esperan agazapados como las hienas, o bien vuelan en círculos por las calles a la espera del incauto. En mi ciudad el aparcamiento es regulado por zona azul hasta en los campos de cultivo de las afueras. Aquí los conductores pagamos incluso cuando vamos andando, pero afortunadamente el horario es bastante cómodo, por lo que no se empieza a abonar la zona azul hasta las 10 de la mañana, es posible que para ajustarse a los horarios de apertura comercial. Por el mismo motivo, los agentes que controlan los vehículos no empiezan su labor hasta esa hora. El caso es que el otro día salí a hacer unos recados a las 8.30, convencida de que a las 10 habría terminado y estaría de vuelta en casa, así que -evidentemente- no puse ticket. Bien, pues por jugarretas del destino (y porque en el banco delante de mí tenía a una señora haciendo TODAS las operaciones bancarias del mundo) cuando conseguí llegar junto a mi coche eran ya las 10.07 ¡Aggh! multa, tenía multa. Vale, de acuerdo, yo llegué 7 minutos tarde pero ¿cómo llegó el agente hasta mi coche en tan poco tiempo? esa calle mide más de un kilómetro , y aunque haya un agente por acera (que no sé si lo hay) son cientos de coches a revisar, cientos de parabrisas en los que buscar el papelito, y cientos de papelitos en los que comprobar si la hora es la correcta. ¿Dónde estaba? ¿Tiene poderes extrasensoriales? Por suerte puedes anular la multa pagando 8 eurines antes de una hora (o algo así, que no recuerdo)
